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Pinturas tóxicas: Plomo y Cadmio amenazando la vida

César Paz-y-Miño. Investigador en Genética Médica, UTE


En Quito, viviendas y calles son pintadas con productos que contienen niveles altos de metales pesados: plomo  y cadmio. Un estudio de la PUCE, liderado por el Dr. Hugo Navarrete, reveló que ciertas pinturas superan hasta 60 veces el límite permitido por la normativa. Además, se ha detectado la presencia de cadmio en niveles hasta 12 veces mayores a los considerados seguros. Ambos metales representan un riesgo para la salud, afectando el ADN y aumentando la predisposición a enfermedades.


El plomo es tóxico, genera estrés oxidativo en las células, daño en el ADN, roturas cromosómicas y mutaciones en genes clave para el funcionamiento celular, la reparación del ADN por tóxicos y la regulación celular. La exposición al plomo induce aberraciones cromosómicas en un 20-30% de las células expuestas, aumentando el riesgo de cáncer y enfermedades neurodegenerativas. En poblaciones expuestas, los niveles de daño en el ADN llegan a un 40% superiores en comparación con individuos no expuestos.


Una investigación realizada en 130 niños ecuatorianos encontró que los niveles de plomo en sangre, superaban ampliamente el umbral de seguridad de la OMS, con valores que alcanzaban hasta 128.2 μg/dl (normal 5ug/dl). La exposición infantil a este metal está vinculada con trastornos del aprendizaje, disminución del coeficiente intelectual y alteraciones en el desarrollo neurológico. Además, se ha observado que el plomo puede inducir modificaciones epigenéticas, afectando la expresión génica y posible daño en gónadas.


El cadmio, clasificado como carcinógeno por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), interfiere con la reparación del ADN y promueve la acumulación de mutaciones en genes supresores o protectores de tumores. También actúa como un disruptor endocrino, alterando la regulación hormonal y favoreciendo la proliferación celular, lo que incrementa el riesgo de cánceres de pulmón, hígado y riñones. Además, la exposición crónica al cadmio puede inducir lecturas alteradas de genes.


Resulta urgente fortalecer la regulación de estos metales en la industria de pinturas. La reducción del límite máximo de plomo permitido en pinturas a 90 partes por millón, alineadas a la OMS, sería un avance positivo. Es fundamental garantizar el cumplimiento de estas normativas y fomentar el desarrollo de alternativas seguras en la fabricación de pinturas. La vigilancia epidemiológica y el monitoreo de la contaminación por plomo y cadmio deben convertirse en prioridades de salud pública.


La presencia de plomo y cadmio en pinturas representa un peligro silencioso para la salud, afectando el ADN y aumentando el riesgo de enfermedades graves: cáncer, malformaciones, infertilidad y crónico degenerativas. Tanto el Estado como la sociedad deben tomar medidas urgentes para evitar consecuencias irreversibles en la salud de la población y las generaciones futuras.


Para NOTIMERCIO.

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Genética y Ciencia
César Paz-y-Miño
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Quito - Ecuador
 
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